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Van Gogh trabajó como marchante de arte con escaso éxito, rationaleó convertirse en predicador, hizo incursiones como ilustrador de revistas y, por último, tuvo una carrera de pintor tan brillante como corta. Cuando murió en Francia a los 37 años sus cuadros se amontonaban, sin que casi nadie los mirase, en los armarios, desvanes y habitaciones de sus parientes, amigos y acreedores. Sin embargo, en su breve y tempestuosa vida, Vincent van Gogh había cambiado el curso del arte occidental para siempre. Trabajando con los angeles plena colaboración del Museo Van Gogh de Ámsterdam, Steven Naifeh y Gregory White Smith, ganadores del Premio Pulitzer por su biografía de Jackson Pollock, han tenido acceso a materiales inéditos, incluyendo correspondencia commonplace hasta ahora desconocida, para recrear, con increíble viveza y una sorprendente precisión psicológica, l. a. extraordinaria vida del pintor. Los autores arrojan nueva luz sobre muchos de los aspectos inexplorados de l. a. existenciade Van Gogh: su permanente lucha para encontrar su lugar en el mundo, su intensa relación con su hermano Theo, su errática y tumultuosa vida sentimental y sus ataques de depresión y problemas mentales. Ofrecen además un convincente e inesperado relato sobre las circunstancias de su muerte que da un vuelco a las teorías manejadas hasta ahora. Esta huge biografía es, sin duda, el retrato definitivo de uno de los grandes genios de l. a. historia del arte.

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Siguió insistiendo en lo mismo durante todo el invierno. �Me ganaré l. a. vida así… hay trabajo para un buen dibujante y cubren puestos muy bien pagados». Llamó su atención sobre las elevadas tasas que cobraban los dibujantes en París («unos quince francos al día»), en Londres y en otros lugares. Justificaba cada gasto, cada esfuerzo afirmando que period esencial para que pudiera cumplir su meta. El dibujo con plumín period �una buena preparación si luego se quería pasar al grabado. Las lecciones de perspectiva y de anatomía animal le ayudarían a ser un mejor dibujante y a conseguir algún trabajo fijo. Para demostrar su bona fides burguesa, empezó a escribir en lenguaje comercial. Hablaba de los �justos beneficios» que obtendría a cambio del coste de los materiales, del �capital» a invertir en su preparación y de los �elevados intereses» que percibiría. Vincent period impermeable al escepticismo e incapaz de hacer las cosas a medias. Sus nuevas aspiraciones a un estatus burgués le condujeron rápidamente a nuevos excesos. En un esfuerzo por acelerar su carrera y ver a jóvenes artistas como Rappard (era muy consciente de lo tarde que había empezado), empezó a gastarse más dinero del que podían mandarle sus padres. Dorus le enviaba sesenta francos al mes, pero sólo l. a. habitación le costaba cincuenta. A pesar de sus protestas de frugalidad («no debéis creer que llevo una vida regalada») no ahorraba en gastos. En las primeras semanas se compró cuatro trajes (uno de ellos de velludillo, �un fabric que puedes llevar en cualquier ocasión»). Compró una docena de nuevos grabados de Millet que le resultaban �útiles» porque period possible que en algún momento se pasara a las tallas en madera. Gastaba materiales de pintura a una velocidad increíble, llenando docenas de hojas de un papel carísimo en una única sesión. Justificaba su prodigioso consumo como lo haría el resto de su vida: �Cuanto más gasto, más rápido avanzo y más progreso». Los que más recursos consumían eran los modelos. Sus encuentros fortuitos en el Borinage, a cuyos habitantes no les importaba que los observara haciendo su trabajo, habían abierto en él un apetito insaciable hacia este aspecto de su vocación artística. Otros estudiantes de arte esperaban al menos un año antes de intentar dibujar al typical. Vincent estudiaba aún los Exercices au fusain cuando llevó a su primer modelo a l. a. pequeña habitación de Aux Amis. �Cuento con un modelo casi cada día», informaba feliz sólo pocos meses después de haberse declarado artista, �un viejo portero, un trabajador o cualquier chico posan para mí». Les indicaba las poses que quería que adoptaran, sentados, andando, paleando, con una lámpara; los reprendía por su torpeza y los dibujaba una y otra vez. Pero en Bruselas había que pagar a los modelos. �Los modelos son caros», se quejaba, mientras decía necesitarlos para �trabajar mejor». Sus padres padecían el impacto de esta espiral de exigencias. Los sesenta francos al mes que mandaba Dorus eran más de l. a. tercera parte de su sueldo. Cuando hablaron del tema con Vincent, éste negó cualquier extravagancia y los invitaba a comparar su conducta con los angeles de tiempos pasados.

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