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La historia del esclavo retratado por el pintor de reyes

Se fabula en esta novela los angeles historia del morisco Juan Abonabó Pareja, Juan de Pareja para los cristianos, quien nació ya esclavo porque su padre prefirió perder l. a. libertad a afrontar los riesgos y peligros de l. a. expulsión a principios del siglo XVII.

El amo de su padre solía acogerlo en su palacio porque le agradaba su compañía, y allí trataba de darle instrucción leyéndole libros religiosos y, sobre todo, introduciéndolo en l. a. que period su gran pasión, l. a. pintura que llenaba los corredores y galerías de su residencia.

Siendo Juan ya adolescente, su amo decidió cederle el chico al joven pintor sevillano Diego de Silva y Velázquez, que marchaba a Madrid para hacer carrera en los angeles Corte.

Primero esclavo de casa y después en el taller, Juan pasó prácticamente el resto de su vida al servicio de los angeles familia Velázquez. Incluso acompañó al maestro en su segundo viaje a Italia, donde fue retratado por él.

Sin embargo, cuando su amo don Diego le ordenó que posara para su pincel, Juan fue presa de un gran desasosiego: ¿por qué iba a retratar a un esclavo quien period pintor de los angeles monarquía más poderosa de los angeles tierra? Una razón desvelada finalmente como metáfora del destino de Juan: ser alguien para siempre.

Reseña:
«Se lee con gran deleite, y es además un libro muy instructivo. l. a. evocación de los angeles vida cotidiana en el palacio y fuera de él consigue resucitar brillantemente el espíritu de los angeles época».
Jonathan Brown

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Don Jerónimo se limita a repetirle, poniéndole los angeles mano en los angeles cabeza, no te preocupes, ya verás. Micaela lo aprieta un instante contra su generoso pecho, pero no cube nada. En un santiamén, el carruaje se ha perdido de vista. —Ven a l. a. cocina, Juan, que hace frío tan de mañana, y te prepararé algo —le cube los angeles viuda Isabel, que también ha salido a despedir a los viajeros—. Y no tengas cuidado, que todo va a ser mejor para ti. Es más joven que Micaela, o eso le parece aunque sea viuda, y desde luego más delgada. Y más seria. Pero Juan se apresura a irse con ella, no tiene de momento nadie más a quien agarrarse. Ante unas sopas de pan bien calientes, Juan piensa que l. a. viuda Isabel se parece en algo a Micaela. 28 EL ASIDERO Sevilla, 23 de octubre de 1623 Esa misma tarde, a primera hora, los angeles viuda Isabel sale con Juan de l. a. casa de su señor con destino a l. a. de su hija. Lo lleva de los angeles mano, y ello lo consuela un poco. Ya se han reposado los vertiginosos acontecimientos de las últimas horas, y está definitivamente asustado. Lleva los angeles ropa nueva que le ha comprado l. a. propia Isabel por indicación de don Jerónimo y a su costa. De punta en blanco podría decirse si no fuera una ironía por los angeles modestia de las prendas, pero él así se siente. Y en un hatillo l. a. ropa vieja, y poco más. l. a. viuda Isabel no cube nada por el camino, no es en eso como Micaela, y el chico se va acongojando más a cada paso que lo acerca a l. a. casa de sus nuevos y desconocidos amos, a los angeles casa que será l. a. suya no sabe por cuánto tiempo. Por l. a. urgencia e intensidad de sus sentimientos, ni siquiera se acuerda ahora de sus padres. l. a. casa de los Velázquez es de una sola planta, mediana de tamaño si no se contara el espacioso taller, y discreta en lujos y adornos. Solo hay cuadros colgados en las paredes, y también un desorden de papeles con borrones en algunas mesas y sillas, y hasta por los suelos en los rincones. —Juana, aquí te traigo al chico del que te ha hablado tu padre. los angeles viuda Isabel se dirige así a doña Juana por mucho que sea los angeles hija de su señor, los angeles ha cuidado desde que nació como si fuera los angeles niña que ella no tuvo, sin marido tan pronto, y no hay día en que no se acuerde de ella desde que se casó con el pintor, solo tenía quince años y además don Diego no es del todo de su agrado, tan severo y como ausente, ya es los angeles segunda vez que ha ido a los angeles corte solo, a saber. Y cada dos por tres busca una excusa para ir a verla, sin que don Francisco le haya puesto nunca impedimento aunque sabe que las más de las veces el motivo es eso, una excusa. —Es dócil, y avispado aunque de letras anda solo a medias. Seguro que te será de buena ayuda, en los angeles casa y para preparar el viaje a Madrid. Doña Juana lo mira solo un instante y sigue charlando un rato con Isabel como si él no existiera, allí parado, con el hatillo en los angeles mano, el alma en pena. Hay en los angeles casa una criada, Ramira, menuda de cuerpo y de edad indefinida, aunque mayor que doña Juana le parece a Juan, y muy habladora. Anda por allí a ver lo que oye de l. a. conversación, quién será ese mozo, algo de nuevo hay.

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